MÙSICA CONCERTINA Y TESTIMONIO

lunes, 7 de junio de 2010





Iriarte nació en Tarata. Se vino a vivir a Cochabamba cuando cursaba el primer año de la escuela, pero antes ya había sido tocado por la concertina.

Precoz enamorado de ese fuelle pequeño, sus dedos de niño trajeron a la ciudad la primera lección de concertina de Don Víctor Fernández. Desde entonces y para siempre quedó prendado de la música criolla.

Su vida transcurre entre pasacalles coplas, cuecas, huaños, y bailecitos. Ritmos que han servido para musicalizar muchas composiciones suyas; una de ellas, grabada por el profesor José Ferrufino en el Brasil.

Orgullos y falsedades

En la vida nada en cierto
En la vida nada es verdad
Orgullos y falsedades
Todo, todo, se ha de acabar.

Ayer amante corazón
Ahora nido de traición
Traición engañadora
Que la traición está de moda…



De inagotables anécdotas, Don Gerardo Iriarte recuerda con emoción a los músicos de antes; los hermanos Hilera -Héctor y David- considerando a Héctor como a uno de los mejores músicos de Bolivia y el mayor concertinista, con quien compartió su primer instrumento, mucha música y vida.

“Antes sólo se escuchaba nuestra música” dice, y evoca a los dúos de las hermanas Arteaga, de los hermanos Arauco, a Bonny Alberto Terán al Negro Larrea, a la Estudiantina Cochabamba.

En ese tiempo, convocaba muy pocos artistas, los más no se acostumbraban a la rigidez del pentagrama.

La música nacional…Dice con toda la seguridad del mundo, “…Es más corazón que técnica. De nada sirve tocar bien si no se le pone sentimiento… Y es mucho mejor si al ejecutar un instrumento se canta.

Con el canto se completa el lenguaje musical, se unen la inspiración de música y poesía. Hay muy buenos ejecutantes pero solo tocan.

Don Gerardo admira profundamente a quien fue su maestro de la concertina Don Víctor Fernández y lo recuerda… “Desde chico lo escuchaba tocar su concertina y me solazaba en sus notas” mi maestro era un gran artista para todo; bailaba cueca mientras tocaba y -lo que es muy difícil- cantaba y tocaba la mismo tiempo.




Don Gerardo cree que la concertina es el mejor instrumento que expresa la música nacional. “Escuchar una concertina a las 2 o 3 de la mañana es algo que no se puede explicar, sobre todo cuando llueve….hace abrir puertas ventanas y corazones”.

“Con la concertina se necesita mucha destreza. Sus 28 notas son las mismas, empujando o estirando el fuelle…Su sonido es incomparable y, como dicen: La concertina a media noche hace abrir puertas, ventanas y corazones”.

Don Gerardo Iriarte recorrió Europa buscando una concertina. Se entero en Alemania que la empresa Wheatstone, que las fabricaba se incendio durante la Segunda Guerra Mundial, consiguió una en Italia y no dudo en traerla a su tierra natal.

Su mejor amigo Epifanio prado nos cuenta que este artista recientemente fallecido hace casi un año, utilizo los órganos en desuso del convento de Tarata para construir su concertina y tiene el orgullo de tener dos de ellas, además de dos inglesas, el problema es que ahora ya no hay quien las arregle.

Don Gerardo o como cariñosamente le decían “Badilejo” Entre risas y palmas su apodo sonaba cuando el ingresaba a darle un toque especial con su música, inmediatamente su instrumento sacaba tocando una cueca que jamás faltaba, siempre a compartió con otros contemporáneos músicos.

De carácter jovial aún en su trabajo, conversar con el era todo un espectáculo, trasmitía sus conocimientos y su picardía en medio de su régimen de vida, integro el trío Tarata, el grupo “Llanta Tolvas” (yernos del pueblo), entre otras experiencias musicales.
Tuvo el orgullo de reservarse el derecho de tocar donde quería hacerlo” los bohemios, los aficionados, tocamos por el gusto a tocar, nuestra música es original y conserva su espíritu tradicional.

“Me preocupan los nuevos grupos folklóricos hacen lindas canciones pero ya no conservan su esencia”.

Entre las anécdotas que más recuerda toco su instrumento en España, cuenta que “fue un festival en un barco… Y mientras cruzábamos el mediterráneo, acompañe a una dama obtuvimos el segundo premio.
Recuerdo que la española era muy guapa y muy bien dotada; el director del barco era un adonis y gran saxofonista, que andaba tras ella, sin embargo ella no quería separarse de mí…Por mi concertina”.

Gerardo Iriarte un verdadero cultor de la música popular. Conservaba en su casa, listos para tocarlos ,16 charangos, 12 guitarras, 4 concertinas, 4 acordeones y un piano de cola.

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